Brújula

Estaba tan perdida que en lo más profundo de su corazón sabía que necesitaba cambiar de destino, cambiar el rumbo. Su brújula giraba a la misma velocidad que las manecillas del reloj cuando compartes tiempo con quien es hogar.

Un pequeño gesto, una sonrisa, un recuerdo y el norte se volvía sur y el sur, norte. La incertidumbre, el riesgo, el afán de aventura nos hace crecer pero había dejado que el miedo gobernara su mundo. Y cuando dejas que el miedo controle tu brújula, una parte de ti se pierde. Pierdes tu esencia, eso que te vuelve única, especial, distinta del resto.

Quizá la clave para encontrarse no era acertar con las coordenadas exactas, con ese punto trazado en el mapa pues al final caía en el mismo punto de no retorno. Quizá la clave era mirar dentro de una misma, aceptar los errores y valorar los éxitos. Dejar de lado los miedos y recuperar el control del timón de la vida. Abrazar la aventura y las cosas nuevas. Sin mirar atrás.

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El amor propio es libertad

Libertad de pensamiento, de lenguaje en todas sus formas.

Libertad de escoger el compás de la música, los pasos del baile de tu vida.

Libertad de ser quien quieras ser, de gustar y de no gustar.

Libertad de quedarte con los que merecen y alejarte de los que te dejan cicatrices.

Libertad de echar a volar o de refugiarte en tu nido.

Libertad de priorizar, de decir NO a lo que no te hace feliz.

Libertad de sentir, de expresar tus emociones, de compartir y crear.

Y recordar siempre que para querer y que te quieran bien, debes quererte primero a ti.

Ángela Serrano