Irene Arroyo, de la sincronizada al waterpolo


La pasión por el agua que tiene la madrileña Irene Arroyo es indiscutible. Sus pinitos en el mundo acuático fueron los mismos que cualquier otra niña que no son más que apuntarse a una piscina a aprender a nadar. Pero lo más llamativo en Irene es que tras pasar sus mejores años como sincro, decidió apostar por el waterpolo como guardameta.


A pesar de que disfrutaba aprendiendo en el agua, en cuanto se le “atascó la braza”, decidió probar un deporte más artístico.“Con tres años empecé a ir a la piscina M86 para aprender a nadar y con los siete años me dieron la opción de probar con otro deporte, la sincro. Me divertía entrenando y me resultaba más entretenido que la natación.
Sus primeras experiencias en competición con la escuela las recuerda con mucho cariño. Nos fuimos a Barcelona e hicimos una exhibición con música de Shrek. Poco tiempo después, con 10 años, participé en mi primer Campeonato de España de clubes. Quedamos campeonas de España con un combo de Mamma Mía. Todavía me puedo acordar de partes de ese baile”.


Irene nunca tuvo problemas en compaginar sus clases con la competición. Ya desde pequeñita, cuando entrenaba tras ir al cole, merendaba en el coche camino de la piscina y terminaba sus deberes mientras cenaba.
De los 12 a los 18 formé parte del IMDER o CTN, por lo que al ser un instituto dedicado a los deportistas de alto rendimiento el hecho de compaginar los estudios y el deporte no era un problema. Entrenaba por las mañanas y por las tardes, y entre medias iba a clase. Los sábados por la mañana también entrenábamos y ya el resto de fin de semana lo podía dedicar a estudiar o a hacer otras actividades de ocio.”


Irene, que había competido a nivel nacional en todas las categorías desde alevín a absoluta y que había acudido a campeonatos internacionales con la Selección Madrileña y Española, tomó la decisión de poner punto y final a su etapa en la sincro a los 18 años tras su último año de junior.


“Fui a ver a mi hermano a Portugalete porque jugaba una fase de ascenso a división nacional de waterpolo. Hasta entonces ni siquiera me había planteado mi continuidad en la sincronizada, pero fue vivir esa emoción en las gradas y la pasión que se respiraba por el waterpolo en ese campeonato que sin duda lo supe, en cuanto pudiera quería empezar a practicar ese deporte.”
Tras esta experiencia, Irene no tardó en ponerse en contacto con el club de su hermano, el Cuatro Caminos que tenía equipo absoluto femenino. A partir de ahí todo salió solo y la temporada siguiente ya pertenecía al mundo del balón amarillo. Poco a poco fui aprendiendo gracias a mis compañeras y mis entrenadores, y cada vez quería más así que enseguida me enganché a este deporte.”
La joven madrileña no se ha anclado solo a un club sino que ha aportado su granito de arena en diferentes equipos madrileños con objetivos distintos. Después de 3 años jugando con el Cuatro Caminos en Primera Nacional, me incorporé en la temporada 2016-2017 a las filas del Boadilla. La temporada pasada jugué con el Canoe en categoría regional y esta temporada 2018-2019 he vuelto a jugar con el Boadilla en primera.”
El waterpolo es un deporte de contacto en el que es vital ser una jugadora rápida pero también manejarse bien en el juego de cuerpo a cuerpo. Irene cumplía con creces la primera faceta pero le costaba la segunda y necesitaban más porteras en el equipo, así que se decantó por esta posición.


“El haber practicado sincronizada me facilitaba mucho a la hora de saltar y de realizar movimientos rápidos de brazos. Acabé descubriendo una nueva pasión que a día de hoy me sigue sacando la ambición y las ganas de más que siempre he tenido con el deporte.”
La madrileña define el waterpolo como algo sorprendente, dinámico y la sincro como expresión de arte y constancia. En el waterpolo todo es mucho más dinámico, te puede sorprender y te puedes arriesgar, te puedes dejar llevar por la intuición. En ese sentido es mucho más emocionante, no sabes qué es lo siguiente que va a pasar. En la sincronizada puedes innovar y arriesgarte mientras diseñas la rutina, pero una vez terminada el trabajo es repetir, repetir y repetir. Otra diferencia lógica es la presencia de música y, por tanto, de sentimientos, expresión corporal y arte.”


Como buena portera que es, una de las cosas que más le enganchan de este deporte es parar balones aunque también reflexiona sobre la importancia del sentimiento de equipo. Lo que más engancha de cualquier deporte es formar parte de un equipo que te haga ser mejor cada día y disfrutar hasta de los entrenos más duros.”


Al igual que con la sincro, no ha tenido nunca problemas para compaginar la práctica deportiva con sus estudios en Doble Grado en Ingeniería Mecánica e Ingeniería de Diseño Industrial.
“Tengo menos tiempo para estudiar pero llevo compaginando estudios y deporte desde muy joven y para mi es lo normal. No sabría hacerlo de otra manera. Además los entrenadores siempre me han facilitado la adaptación con mis horarios de la universidad y nunca me han puesto pegas.”
Irene siempre se ha sentido en familia tanto en el mundo de la sincro como en el del waterpolo porque al ser ambos deportes minoritarios es más fácil conocer el entorno y sentirse parte de él.


“Yo sin duda he encontrado una familia en el waterpolo. También lo sentía así en la sincronizada, con sus más y sus menos como cualquier familia real, pero al final todos formábamos parte de ese pequeño mundo y compartíamos una misma pasión.”
Una pasión por la sincro que la madrileña en realidad ya no echa de menos aunque sigue siendo una parte de ella. aunque ya no la practique. Creo que lo dejé en el momento adecuado porque la sincronizada ya no me podía dar más de lo que ya me había dado, que a mi entender fue todo: bueno, malo y, sobre todo, aprendizaje.”


Podríamos encontrar más historias como la de Irene Arroyo. Nadadores que se convierten en waterpolistas o triatletas, nadadoras y nadadores que deciden probar la sincro o nadar largas distancias en aguas abiertas…Pero lo que tiene esta historia de especial es que ella se dejó llevar por una pasión, por un sentimiento y dio un giro de guión en su práctica deportiva. Eso sí, siempre dejando que el cloro corra por sus venas.
Ángela Serrano

Fotografías: Quintín García, Luisa HB, Irene Arroyo, Ángela Serrano.

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